lunes, 22 de abril de 2013

Esta es mi carta de lector a elPeriódico, a propósito de lo escrito por Claudia Méndez Arriaza en su reporte “El significado del juicio”



Estimada Claudia
Hay un detalle de tu reporte que no quiero  pasar por alto. Consideraría que es justo que nos cuentes que la jueza Jazmín Barrios perdió el control, solamente si antes pusieras al tanto a tus lectores sobre la falta de respeto y la agresividad con la cual se han venido comportando, desde que inició el juicio, los abogados defensores de Ríos M. y M. Sánchez.
No digo que se oculte la reacción de Jazmín Barrios, pero si se menciona un detalle se tiene que mencionar toda la violencia verbal que aportan esas personas. Y lo hacen sistemáticamente.
El día que abandonaron la sala, la jueza exigió a “seguridad” que actuara; su voz es chillona, no sé si lo has notado. Nada se diría, supongo, si hubiese sido la voz de Barry White al micrófono.
Contrariamente a mostrarnos una jueza descontrolada, diría que ha hecho esfuerzos sobrehumanos para no perder el control ante las constantes faltas de respeto de los abogados de marras. Supongo que  los tolera para evitar que salgan dando aullidos lastimeros hacia ventanillas de recursos. Por cierto que no son solo agresivos con ella, sino lo fueron con las víctimas, a quienes no interrogaban sino ladraban, y no objetaban sino gritaban.

domingo, 17 de marzo de 2013

Salida de emergencia

Por Juan Carlos Lemus

Durante la década de los 80, se tuvo la noticia de que se veían Ovnis sobre el cielo nocturno de Cobán, Alta Verapaz. Al parecer, naves extraterrestres cruzaban el espacio ante la vista de atemorizados vecinos. Los radares captaban señales que trazaban una geometría caprichosa. Era presidente de Guatemala uno de los muchos generales que tuvo el país durante 30 años. Ordenó a la Fuerza Aérea que despegaran los A37, aviones de ataque ligero. Su orden aguardentosa fue esta: “Sobrevuelen, ¡Si ven a los Ovnis dispárenles!”.

Después de soltar una carcajada, podríamos analizar el chancro de la insensatez como algo común en aquella época de infalibilidad presidencial. Hoy las cosas son distintas, se supone. Ocurren, sin embargo, absurdos que en el futuro nos preguntaremos —acaso avergonzados— cómo pudimos tolerarlos. Hay cierta ebriedad política, deterioro social manifiesto en cuerpos descuartizados, discursos contradictorios y mentiras colgadas en carreteras y bocas. Habitamos un fenómeno atípico, babélico, incontrolable. Ni siquiera las elecciones en tres años son una esperanza. Tampoco lo serán las del 2019. Es más, de nada serviría cambiar hoy al presidente con todo y sus pasajeros. Así de complejo es el asunto. Un crimen cada vez más tenebroso extingue al anterior. No se ha terminado de asimilar todo el horror, ni de descodificar tanta mentira, cuando aparecen nuevos conflictos con otras variantes y enredos.

Aun cuando pareciera que no hay salida, tiene que haberla. Para encontrarla propongo un seminario nacional de Posibilidades. Siempre las ideas son numerosas y hasta la más absurda —quizás esta— puede ofrecer la salida de un sitio alambrado. Tenemos que hacer algo práctico, legal pero al margen del gobierno, algo más que quedarnos afónicos —ciberafónicos— de tanto protestar.
No soy cabecilla que mueve montañas, conozco mis limitaciones, por tanto solo pongo a la mesa una idea. Que alguien la ejecute o que ponga otra. Es necesario buscar una salida que dinamite la comodidad saqueadora de las multinacionales, que haga juicios políticos públicos, que ponga en jaque la tiranía mercantilista, que explique las argucias de la Empresa Eléctrica, bancos, empresas de telefonía, de quien sea; algo que ponga en evidencia permanente a quienes hacen daño al país, algo como un blog materializado que exhiba las falsedades de los próximos candidatos, que exponga razonamientos claros. Propongo un seminario de Posibilidades donde cualquiera aporte concepciones novedosas de transformación. No hablo de unidad, porque no creo en ella, sino de aportar ideas. Parece inviable, sí, como un fósforo en el agua. Ojalá alguien plantee algo mejor. Lo que tenemos que dejar claro es que ametrallar Ovnis es una estupidez. Si no, pues pongámonos audífonos y levantemos pancartas digitales para protestar por el crimen del día, hasta colocando una de esas simpáticas caritas :(

“La patria es una casa” escribió Julio Fausto. No es la casa que el poeta ansiaba, sino esta con goterones, vigas carcomidas, cohabitada por humanos, inhumanos, perros y ratas. Una casa de láminas cuya temperatura criminal nos hace sudar e irrita. Abramos la puerta :)

domingo, 13 de enero de 2013

Revolución 2013


 Los enemigos ya no son solo la burguesía y los proletarios, como en tiempos de Marx y Engels.


Por Juan Carlos Lemus


Hemos llegado al colmo de hablar de productos revolucionarios de limpieza, o de revoluciones musicales y tecnológicas en un país estancado. La prostitución conceptual es grave. Guatemala emerge al 2013 con demasiados problemas. El más crítico es su confusión mezclada con pasividad. Antes, en el mundo los enemigos eran la burguesía y el proletariado. Hoy se enfrentan asalariado contra asalariado, indígenas matan a indígenas, pobres extorsionan a pobres, clases medias meten zancadillas a quienes intentan rebasarlos, y otros más acomodados se cubren las espaldas de quienes son más ricos y por lo tanto más peligrosos.

El ser humano llegó a un estado en el que lo más maravilloso que puede sucederle en la vida es comprar un buen celular, o un televisor para mirar en familia cómo juegan los equipos europeos y llorar porque gente buena reúne juguetes para niños pobres.

Toda siembra de avasallamiento tiene frutos en un país parcelado. Al ciudadano que llega a su trabajo encaramado en la parrilla de un bus le importa un pepino que el gobierno de Pérez Molina desafíe a la CIDH para favorecer al genocida Ríos Montt por sus crímenes de lesa humanidad; a otros asalariados nomás les importa que sean reducidos los impuestos y no el que las personas son asesinadas en los buses. Muchos sindicatos se volvieron miserables clubes de vagos y oportunistas. Al trabajador de maquila le tiene sin cuidado que suban los impuestos a quienes ganan arriba de Q5 mil, así como a quien gana el doble no le importa si los empleados de maquila trabajan bajo la imprecación coreana. Tal es el panorama de la Guatemala 2013, río revuelto, ganancia de tiburones. Retornamos a la subyugación y al vasallaje, con el aditivo de un individualismo cibersocializante y macroinhibidor. La aristocracia decimonónica parió el maridaje que hoy sostienen políticos, empresarios y Ejército, a cuyos pies se acuchillan intelectuales, asalariados y analfabetos, que son a veces lo mismo.

Los enemigos ya no son solo la burguesía y los proletarios, como en tiempos de Marx y Engels, sino todos contra todos enmarañados bajo la mirada excitada de la tríada. Personas enfurecidas y conscientes de su fiasco electorero accionan contra sus iguales en calles, oficinas y hogares. Programas radiales de poca monta manipulan la opinión ciudadana haciendo sondeos sobre la mentalidad de los chorizos. Su audiencia —intelectualidad incluida— acaba creyendo que posee formación política porque oye noticias sobre política, y se considera dentro de una ideología porque refríe frases de superación que adapta a la realidad nacional con una comicidad semejante a la de atornillar un palo a un robot paticojo. Todo mundo quiere superarse y para ello cita las leyes del vaso medio lleno, la nueva era, la oportunidad que hay en cada crisis y otros argumentos que reducen las acciones a retórica, y casi siempre a una retórica bien rancia.

Entonces, quién es el enemigo y cómo accionar. Ese es nuestro grave problema. No sabemos cómo transformar la sociedad porque estamos desinformados, manipulados y solos, más solos que nunca, incluso vociferando entre nuestros grupos de protesta estamos malditamente solos

lunes, 10 de diciembre de 2012

Mr. Antivirus / Vino a amenizar nuestras desgracias el estadounidense John McAfee.



Juan Carlos Lemus

Nada tan entretenido había sucedido en el país –en materia de extranjeros- desde las desventuradas cuitas acaecidas en 2009, cuando el español Armando Lusquiños, autodenominado el Monje, anunció que había organizado una guerrilla. Quienes siguieron de cerca aquellos capítulos, recordarán que tras tales declaraciones fue vapuleado por sus camaradas y enviado de vuelta a España por el Gobierno. Si no vivieron los desdichados episodios, les ofrezco mi versión resumida.

Hallábase hundido el Monje entre selvas guatemaltecas, acaso alimentándose de mandiocas, y decía comandar a 300 mil personas armadas hasta los dientes y con bombas ocultas entre los fondillos. El 11 de octubre de 2009 hubo un apagón de electricidad en todo el país. El Monje se atribuyó el ataque. Advirtió que era el inicio de la revolución del siglo XXI.

Muchos aplaudimos la moción. Aburridos de tanta miseria y de nuestros inútiles pataleos verbales, ansiábamos que sucediera algo importante, algo que de verdad hiciera temblar las estructuras de poder. Así que corrimos a desempolvar viejas consignas que un día gritamos a todo pulmón en las calles o quizás debajo de la cama: “Abajo la tiranía”, “Patria o muerte”, “Fuera imperialistas” y demás vejestorios guardados en buhardillas mentales.

Para nuestra pronta desilusión, el Monje actuaba con sospechosa ingenuidad. Cuando todo parecía listo para la rebelión, sus aliados lo desconocieron, lo pescocearon el 12 de octubre de 2009 cuando manifestaban frente a Casa Presidencial.  Fue conmovedor verle la boca sangrante. Tuvo suerte de que no lo lincharan. Después, cuando le preguntaron si  en realidad era el culpable de haber dejado sin luz al país, respondió que ya el ministro de Gobernación había explicado que lo hizo un rayo, y que él no producía rayos, por lo tanto, no era culpa suya. De manera que estaba loco, pero no era estúpido. Parecía buena persona. Tuvo la osadía de arar sobre la mar de los desposeídos.

Ahora viene a amenizar nuestras desgracias el otrora multimillonario estadounidense John McAfee, creador del antivirus informático de su apellido.  Sospecho que los inventores de esas  vacunas son los mismos que crean el virus para vender  el mal y el remedio. Viene huyendo de la justicia beliceña. Según él, sufre persecución política. Lo cierto es que se trata de un tipo extraño. En la web hay fotos suyas en las que posa cual Rambo con fusiles y amigos asaz ramboides.  Lo que no sabía don Antivirus era que igual vendría a caer en cuna de lobos.

Fue llevado, eso sí, cariñosamente por la Policía, sin esposas, fumando entre la patrulla, con las atenciones que merece un tipo de su estatura, claro. A nuestros paisanos en EEUU, en cambio, como son de Toto, Sololá, Huehue o Taxisco los engrilletan, arrodillan, manosean e insultan como si fueran asesinos. Tales humillaciones quedan impunes y continúan. En tanto que Obama muestra un falso interés en ayudar a los migrantes guatemaltecos, don Antivirus yace albergado en refugio migratorio, accede a su blog, tiene visitas de su novia, se engarabata con plausible teatralidad y es llevado al hospital. Vino a proveer jocosidad y repudio; estamos acostumbrados. 

viernes, 30 de noviembre de 2012

Nace un mito: Irina Darlée y Tasso Hadjidodou in Guatemala

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Nace un mito


Irina Darlée y Tasso Hadjidodou, amigos que saltaron los charcos de un día lluvioso,
del océano y de la vida.



Juan Carlos Lemus

Al volver de algún descanso como el de Navidad, la escritora Irina Darlée (Moscú 1921-Guatemala 2008) venía a la sección Cultura de este diario y solía preguntarnos, casi como broma de tradición: “¿Qué tal pasaron su descanso? ¿Estuvieron contentos o con la familia?”. Su buen humor era extraordinario. Dama de carro viejo y chofer mayor, culta y nada solemne, aprendió a bailar sardanas con Salvador Dalí, a quien visitaba en su casa de Cadaqués; fue  amiga de Cela. Contaba de cuando amigos suyos y de Tasso Hadjidodou (Bélgica, 1921-Guatemala, 2012) quisieron unirlos para que salieran juntos a las actividades culturales.

“Yo recuerdo –decía Irina, con su acento ruso-alemán– una vez que fuimos al Teatro Nacional con Tasso. Mi chofer y yo pasamos por él. Cuando llegamos, caían aguaceros. Yo iba elegante. Llevaba mi abrigo caro, ese que te conté que me robaron del armario, me costó 3 mil dólares, una ganga, Carlos, esos abrigos valían el triple, pero lo compré a buen precio, en Rusia. Un día llegué y el abrigo había desaparecido. ¿Para qué lo querrían? ¿Para usarlo como  alfombra? ¿Para hacerlo pedacitos y usarlo como almohada? Lo digo porque no era un abrigo como para andar por ahí con chancletas bajo el sol. Pues esa noche que fuimos al concierto con Tasso, caían aguaceros. Cuando bajamos del carro, casi tuvimos que saltar un charco. Salpicados, llegamos a la entrada donde estaban el embajador de España y otros amigos esperándonos. Cuando nos vieron empapados, uno de ellos dice: ´Tasso ¿por qué no cargó a Irina? Usted, que es un caballero, la hubiera cargado para cruzar el charco´. Y Tasso, sin pestañear, le responde, refiriéndose a mi gordura: ´¿Si a usted le hubiera tocado cargarla, por cuál pedazo habría comenzado?´”

Tasso e Irina fueron público asiduo, respetuoso, atento en las actividades culturales durante más de 60 años. Ahora son una página amarilleada del diario, aunque sobre Tasso nace un mito por estos días. Antenoche, en la Sexta Avenida, vi a un muchacho que hace de novedoso guía para el turismo local. Junto a la escultura de Tasso, rodeado de paseantes boquiabiertos, explicaba: “Tasso fue el creador de este paseo de la Sexta. Tasso fundó las Escuelas Municipales de Arte. Él trajo de Europa el concepto de escuela de pintura y de música. Él fundó la Sinfónica Municipal”. Luego, con tono inquisidor, preguntó a su público: “¿Ya vieron lo que está haciendo Arzú en el parque central, eso de poner una pista de hielo? Si Tassito hubiera visto eso, se muere, ¡se muere!,  porque Tasso creó el concepto de Centro Histórico”.

…Sorprendente, interesante circunstancia extraída del más puro ingenio guatemalteco. El mito crecerá. En pocos años se solidificará cual Piedra de los Compadres. De momento, comparto con usted estos versos del Rubaiyat, para que juntos con Omar Jayam, el autor, brindemos a la salud post mórtem de Irina y Tasso:

“Convéncete bien de esto: Un día tu alma dejará el cuerpo/ y serás arrastrado tras un velo entre el mundo y lo desconocido/ Mientras esperas ¡Sé feliz!/ Pues no sabes cuál es tu origen e ignoras cuál es tu destino” (Estrofa  XXVII). 


viernes, 23 de noviembre de 2012

Prosperidad matriarcal



Prosperidad matriarcal

La memoria puede ser un calabozo, un costal de piedras o una película.
Juan Carlos Lemus


Hace poco tuve el deseo de escribir acerca de la pérdida de memoria que sufre Gabo. Rastreando información al respecto, me encontré con que mientras su hermano Jaime dice que Gabriel padece demencia senil, Jaime Abello, director de la FNPI, lo niega y pide al planeta que nadie más se solidarice con la supuesta enfermedad.

El asunto es que renuncié a dedicarle unas líneas. Así que hablaré de mi abuela y otras guatemaltecas. Ella no publicó en chino Cien años de soledad, nunca tuvo problemas de piratería editorial ni es Premio Nobel, pero dedicó su vida al trabajo honrado.  Su literatura se limitó a la enseñanza del Catecismo y a llevar las cuentas de su negocio en el mercado la Terminal que mantuvo abierto más de medio siglo. Allá llegaban comerciantes de otros pueblos con fajos de billetes a comprarle al por mayor fustanes, cotones, delantales o combinaciones –sí, antes, las mujeres usaban esas cosas-.

Recuerdo que a veces los billetes apestaban a calcetín, porque los compradores los traían entre los zapatos o el calzoncillo, por aquello de los asaltos. A mi abuela nunca la asaltaron, pero tres veces se le quemó el negocio. María Regina Rosales Flores (1923), su nombre, trabajó desde los 7 años vendiendo espejitos, papel de baño y ganchos para el pelo. De joven fue Hija de María en Santa Cecilia. Un día de 1952 conoció a un viudo de 42 años.  Ruperto (mi abuelo) ya tenía dos hijas y un varón, era herrero de Caminos y miembro de la Hermandad de Jesús Nazareno. Al año los casó el padre Ambrosio. Tuvieron dos hijas. Mejoró tanto el negocio que construyeron una casona de dos niveles, con terraza y un jardín enorme. Al centro de la mesa del comedor siempre había fruta fresca, debajo de ella, mi abuelo mandó instalar un timbre para llamar a la cocinera. Las fiestas se hacían con marimba orquesta, llegaba la Gallito; había comida de sobra y champán. Se bailaba de cachetío, con las mejillas pegadas, barriendo el salón con pasión marimbera.

A mi abuela nadie la persiguió 40 años para que publicara sus memorias, como lo hizo el editor Chen Mingjun con Gabo para traducirlo al chino, pero –para mí- es más importante que Gabo y todo el boom.  Prosperó con honradez, respetó  al prójimo, nunca tomó lo que no fuera suyo. A sus 89, está postrada. La memoria puede ser  un costal de piedras o una película. Creo que por su mente corre un video de la Guatemala que ya no existe, una en la que era posible tener un negocio y vivir en paz. Eso se acabó.

Aun cuando hablo de mi abuela, no es solo ella, son todas aquellas que prosperaron en circunstancias similares a fuerza de madrugar a las 4 de la mañana e intervinieron económicamente en la sociedad. Hicieron grandes cosas hasta que los gobiernos se encargaron de destruirlas al elevar y robar los impuestos, las rentas de los locales se incrementaron, la criminalidad se impuso, la municipalidad aplicó su extorsión llamada IUSI, en fin, todas aquellas abuelas negociantes, costureras, verduleras, las de plazas y mercados vieron erigir y desplomarse sus pequeños negocios elevados con tanta dignidad.   Muchas ya se fueron, desconcertadas, sin saber de dónde jodidos salió tanta maldad.



sábado, 1 de septiembre de 2012

Aquel Kaminaljuyú


LA ERA DEL FAUNO

En una época fui dibujante arqueológico. En 1984 me integré a un equipo dirigido por la respetable doctora en Antropología Marion Popenoe de Hatch, quien con algunos arqueólogos, entre ellos Érick Manuel Ponciano, desarrolló el proyecto Kaminaljuyú/San Jorge. De mañana, los dibujantes nos poníamos botas y sombrero para internarnos en el ancho campo que auscultaban los arqueólogos y sus asistentes de las universidades Del Valle y San Carlos, los topógrafos y trabajadores de campo. Rompían de 10 en 10 centímetros, con qué paciencia,

Juan Carlos Lemus
JUAN CARLOS LEMUS
el humus y el talpetate para encontrar qué se escondía bajo aquella piel de maleza y barro. El terreno estaba donde hoy es el residencial San Jorge.
Pude vivir de cerca la extraordinaria calidad humana y científica de Popenoe de Hatch. Poco antes de escribir esto me enteré de que a sus 81 años —en octubre cumplirá 82— sigue trabajando, ahora en Takalik Abaj. Más que catedrática, ha sido mentora de generaciones de arqueólogos. Uno de sus alumnos, Ponciano, hasta hace poco director general del Patrimonio —una eminencia en su campo y erróneamente cesado por el gobierno actual— me contaba que las clases terminaban a las 12, pero ella les ofrecía que regresaran después de almuerzo, si lo deseaban, a recibir más conocimiento. Volvían, y les daban las 5 o 6 de la tarde en el aula.
Hija de estadounidenses, Marion Popenoe nació en Guatemala, y desde pequeña vivió en Estados Unidos y volvió al país a finales de la década 1970. Su casa en Antigua, Casa Popenoe, pudo haberse convertido en un paraíso personal, pero la ha mantenido con las puertas abiertas como museo, por su pureza arquitectónica colonial; fue casa del Oidor de la Real Audiencia.
Admiro de Popenoe su erudición combinada con auténtica filantropía, algo que no siempre sudan los académicos de tal temperatura. Se internaba en el canal de irrigación y la barranca con sus botines estilo comando y sombrero caqui. Hablaba con los arqueólogos, hacía apuntes, observaba y tocaba los tiestos; bajo el sol, o huyendo de la lluvia, recorría aquel terreno donde fueron cavados más de 400 pozos. Allí se exploraron cosas interesantes como el canal de irrigación, obra de ingeniería hidráulica precolombina altamente sofisticada que fue descubierta por Ponciano. Se trata de un acueducto que se mantuvo entre los años 300 a. C. al 200 d. C., diseñado a partir de un riachuelo que drenaba el lago Miraflores; los habitantes prehispánicos lo condujeron hacia los cultivos, de manera que podían tener riego durante todo el año. Si la barranca natural les proveía de agua potable, el canal artificial les regaba la planicie.
Me vienen gratos recuerdos de María López y Luis Morataya, los otros dibujantes —hoy arquitectos—, nuestras hojas milimetradas, el papel calco, los dibujos en el campo, los atoles y chuchitos de las 10 y nuestras carcajadas al aire libre. El tiempo corre como perseguido. Hace un año, apenas, daba yo aquí el primer piochazo para describir el humus y talpetate que contiene La era del Fauno: prensalibre.com/opinion/Inicia-fauno.
Inicié entonces mi año sabático, cuyos beneficios y maleficios excavados les compartiré, con agrado, otro día.